Empecé con una idea pequeña y mira dónde estoy ahora
La verdad es que cuando empecé no tenía muy claro qué necesitaba. Solo sabía que estaba perdiendo solicitudes de clientes y que así no podía seguir. Le conté la idea a Iván, y de ahí en adelante todo ha sido rodado.
Lo bonito fue que, según iba viendo cómo funcionaba, me iban surgiendo más ideas. Y cada vez que le decía "oye, ¿y esto se podría hacer?", la respuesta era ponerse a ello. A cada idea o problema mío, una nueva solución.
Lo que empezó como una ayuda pequeña hoy es la herramienta con la que trabajo cada día, y lo mejor es que no se queda quieta: va creciendo conmigo, a mi ritmo y a mi medida.
Más que un proveedor, siento que tengo a alguien de mi lado que entiende mi negocio. La capacidad de Iván para convertir lo que necesito en soluciones que funcionan parece no tener límite.
Si estás dándole vueltas a una idea, por pequeña que sea, habla con ellos. No te lo vas a pensar dos veces.
