Servicio... En controles...
Quiero agradecer públicamente la experiencia sensorial en el establecimiento. Ni el incentivo económico más generoso es capaz de comprar una sonrisa o un ápice de educación. Mención de honor para la simpática señorita rubia, cuya aversión por el trabajo solo es superada por su terror absoluto a la comunicación humana. Su dominio del inglés es tan admirablemente exótico que uno termina deseando que le hablen en chino mandarín para entender algo. Un auténtico peligro público que, por desgracia, es perfectamente capaz de poner al borde de un ataque de nervios a cualquier abuelo despistado. Lástima que hay otros que hacen bien su trabajo, pero el trato humano nunca se debe de perder.








