El 27 de julio último llegamos muy…
El 27 de julio último llegamos muy felices a Assilah para festejar mi cumpleaños. La señora de DAR MANARA nos abre la puerta apenas, muy seca, y después nos hace entrar. Aparenta querer ayudarnos con las maletas, lo cual no era posible debido a su peso, pero lo que quería ordenarnos era que no las arrastráramos usando las rueditas. Vaya idea. Alguien está durmiendo la siesta, dijo. Tampoco le convenía que se quedaran ahí, así que trató de quitarlas de la vista detrás de un sillón. Un instante después nos pidió: “Pasaportes”. Estábamos agotados después de tres taxis colectivos y el trayecto caluroso desde Chaouen. Pero ni sonrisa, ni agua, ni cómo han viajado, recepción cálida en todas las casas de Marruecos. Tengo los documentos en la maleta y para mostrárselos debo abrirla, le digo. Molesta, ella tomó el de mi marido, y dijo que necesitaría el mío inmediatamente. La misma ceremonia para subir las escaleras hasta la habitación: no había que hacer ningún ruido. Eran las 17h30! Sorpresa: la habitación era muy pequeña, oscura, casi tétrica, y la única ventanita daba al interior, justo encima de la recepción donde ella “recibe”. No había siquiera espacio para abrir mi maleta y menos la intimidad: cero. Dije que no podría dormir en un lugar sin ventilación. Su patio es cerrado, no entra el aire por el “ojo” sobre el patio como en muchas casas árabo-andaluzas en las que habíamos dormido. Dijo que las habitaciones con ventanas al exterior estaban ocupadas. Que si no nos convenía, buscáramos otra cosa pero sobre todo que no escribiéramos diciendo que había inconvenientes en Dar Manara. Que ella nos cobraría esa primera noche pero que las otras tres nos las devolvería. Al día siguiente recibimos un mail de su asistente disuadiéndonos de todo comentario con frases sobre “la palabra dada” y “la confianza” etc. Tuvimos mucha suerte en dar enseguida con gente amabilísima de Asilah que nos consiguió hermosos lugares donde dormir. Y tan acogedor se nos hizo el lugar que fuimos postergando la partida, mientras esperábamos que Dar Manara nos devolviera las tres noches. Las respuestas que se repitieron fueron que Air b n b no les había pagado nuestra estadía todavía que había que esperar, así cada día. Hasta que las personas tan amables que nos habían ayudado nos dijeron que no era así, que air b n b pagaba inmediatamente a los anfitriones y que esa persona, muy conocida en todo el pueblo donde casi nadie ya le habla, usaba esa estrategia para que al cabo de 14 días ya no tuviéramos acceso a ingresar un comentario adverso a su hotel. La gente de Asilah nos pareció amabilísima, honesta y generosa. No es el caso de esta señora europea que se beneficia de aquella reputación.








