Las palabras no alcanzan para describir lo transformador que fue este viaje.
Es difícil encontrar las palabras para describir lo que implicó viajar con Quixote Expeditions. La Antártida es un lugar que desafía las expectativas en cada momento, y el viaje en el Hans Hansson hizo que todo se sintiera aún más especial.
Desde el primer desembarco en Half Moon Island, rodeados de pingüinos barbijo, hasta la emoción de llegar al continente en Portal Point, la sensación era siempre la misma: cuando creías que ya lo habías visto todo, aparecía algo nuevo. Navegamos por glaciares gigantes, vimos orcas en Hughes Bay, caminamos entre colonias de pingüinos en Yankee Harbor y Danco Island, y durante todo el viaje las ballenas jorobadas nos acompañaron en el recorrido. Pero si hay un momento que se quedó grabado para siempre, fue en Foyn Harbour, remando en kayak rodeados de ballenas, en completo silencio, solo con el sonido de su respiración rompiendo el aire frío.
La tripulación hizo que el viaje fuera no solo seguro, sino también personalizado y único. Becky, nuestra asistente de a bordo, siempre estuvo atenta a cada detalle, asegurándose de que durante el viaje no tuvieramos que preocuparnos por otra cosa que disfrutar del viaje. Joel, el cocinero, nos sorprendió después de cada excursión con algo rico, desde sopas caseras hasta panes de masa madre recién horneados. ¡Ya estoy extrañando sus estofados! Y el resto del equipo, Daniel, Matias, Joane, Julian y Jason con su profesionalismo y calidez, hizo que cada día a bordo fuera un placer.
Una mención especial también para Alex, nuestro guía en el viaje que contagiaba su pasión por el destino en cada nuevo destino, cada nuevo encuentro con la fauna salvaje, en cada proyecto de ciencia ciudana... ¡Realmente después de escucharlo daban ganas de seguir indagando en este mundo que estábamos descubriendo!
Más allá de los paisajes y la fauna, que sin dudas se llevan la centralidad de este viaje, algo que hizo este viaje aún más especial fue la camaradería que se formó con el grupo. Desde las charlas en cubierta hasta los momentos de asombro compartido, nos convertimos en una pequeña familia flotando en este rincón remoto del mundo. Todos muy predispuestos a disfrutar y apostando a una linda convivencia abordo para que el viaje sea aún más mágico.
Antes de venir, nos dijeron que en la Antártida hay que "esperar lo inesperado", y no podría ser más cierto. Cada día fue un recordatorio de lo impredecible y sorprendente que es este continente. Volver a casa después de algo así no es fácil, porque una parte de nosotros se queda allá, entre los hielos, los pingüinos, ballenas y el silencio antártico.
Si alguien busca una expedición real, íntima y transformadora, no hay mejor manera de hacerlo que con Quixote Expeditions.
11 de febrero de 2025
Opinión espontánea