PÉSIMA Y ENGAÑOSA EXPERIENCIA
PÉSIMA Y ENGAÑOSA EXPERIENCIA. Contratamos esta excursión con muchas expectativas por todo lo que promete la descripción, pero la realidad estuvo muy lejos de lo anunciado y la experiencia resultó profundamente decepcionante.
Desde el inicio todo fue mal. Tuvimos que esperar más de 15 minutos a que llegara el conductor, algo que cobra aún más importancia cuando la cita era antes de las 8 de la mañana, con bajas temperaturas, mal tiempo y amenaza de lluvia. Empezar así ya marcó un tono poco profesional.
Habíamos reservado un tour en español y nos encontramos con un guía, Jonathan, que no podía ofrecer el servicio en ese idioma. No es una crítica al portuñol en sí, sino a la diferencia entre lo contratado y lo recibido. El propio guía reconoció que el guía en español no estaba disponible ese día. Ante una situación así, consideramos que lo mínimo hubiera sido avisar previamente para que cada usuario pudiera decidir si quería mantener la actividad o no. Además, se incorporaron cuatro personas de habla inglesa en nuestro grupo, algo que nos sorprendió al ver que había otro autobús completo en inglés. La sensación fue la de un encaje improvisado para completar plazas en un vehículo mayor, lo que afectó directamente a la fluidez, el ritmo y la calidad de las explicaciones al tener que alternar constantemente entre idiomas.
El mayor problema fue la falta absoluta de contenido. Las explicaciones eran superficiales, desordenadas y sin profundidad histórica ni cultural. Más allá de comentarios aislados y bromas constantes, no hubo una narración estructurada ni enriquecedora. Sin embargo, parecía que llevábamos contratado a un humorista con constantes chistes, como sobre la conducción temeraria del conductor que, lejos de ser solo una broma, lo peor fue que era bastante real durante el trayecto, generando incomodidad añadida .
Otro punto muy negativo fue comprobar que varias de las entradas “incluidas” eran gratuitas o de coste mínimo. En los monumentos, el guía nos dejaba en la puerta y se quedaba fuera sin explicar absolutamente nada. Solo recibíamos frases como “tenéis diez minutos para fotos” o “tiempo libre”. No hubo visita guiada real ni dentro de la catedral, ni en iglesias, ni en el castillo de Guimarães, y mucho menos un recorrido histórico guiado por las calles de Braga o Guimarães. Fue, en la práctica, un traslado entre puntos con pausas libres, pero no una experiencia cultural guiada como se vende.
La desorganización fue evidente incluso dentro del autobús. Al entender portugués, nos resultó especialmente incómodo escuchar conversaciones en las que el propio conductor indicaba al guía por dónde debía llevar el recorrido, algo que transmite poca preparación y profesionalidad. Para rematar, al final del trayecto se puso a disposición de los usuarios una caja de propinas, lo que nos dejó aún más desconcertados teniendo en cuenta la baja calidad del servicio recibido.
En resumen, sentimos que fueron 50 € perdidos por persona y un día desaprovechado del viaje. Una actividad que promete una experiencia guiada completa y enriquecedora debería cuidar mucho más la organización, el idioma ofrecido, la calidad real de las explicaciones y el respeto por lo que se anuncia al cliente.








